Joaquín
Ibáñez Bellido, el “moro Joaquín”, tuvo una vida digna de un guion
cinematográfico; de hecho existe una novela de Alberto Boutellier Caparrós, “El
renegado (El moro Joaquín)”, inspirada en este personaje. Un personaje que fue
la figura mediática del verano en 1913, y ha caído en el olvido. Solo en
Melilla pervive cierto interés por el “moro Joaquín”; en los blogs del “Heraldo
de Melilla” hay amplia información sobre el turolense y la heroica acción que
le hizo famoso.
Nació
el “moro Joaquín” en Perales del Alfambra en 1870. Esquilador, cometió un doble
asesinato, fue condenado a muerte, la pena conmutada a cadena perpetua, y
trasladado a una prisión de Alhucemas, en África. Se fugó y se fue a vivir con
los rebeldes moros del Rif, se convirtió al islam, se casó, tuvo cuatro hijos,
y prosperó con negocios de hojalatero, platero y carpintero.
Viajó
a su pueblo, Perales, al saber que su padre estaba gravemente enfermo, pero
cuando llegó había muerto. Fue denunciado por un pariente escapó de milagro y
ya en África robado y apaleado por unos bandidos.
Pidió
por primera vez el indulto en 1911, tras mediar en la liberación de dos
españoles. Dos años después saltó a las páginas de los periódicos: ayudó a
escapar –según se dijo- y se fugó con cuatro prisioneros de un emblemático
buque de guerra. Con el indulto visitó Zaragoza y Teruel. Volvió a Melilla como
sargento de tropas indígenas, y dijo que su intención era regresar con su mujer
e hijos a Perales... y se pierde su pista durante 25 años, hasta que aparece en
Madrid, en precaria situación.
Hizo
correr ríos de tinta ese verano de 1913, pero apenas se habla de sus
antecedentes. Por ejemplo, en la entrevista de un redactor del “Diario de
Avisos” de Zaragoza (que reproduce “La Correspondencia de España”) a un
capellán castrense amigo de Joaquín Ibáñez, dice lo siguiente:
“(...)
Por el camino de la vida, largo y espinoso para él, siguió los años primeros;
fue esquilador una larga temporada; no sé qué crimen cometería, porque siempre
por delicadeza yo y por vergüenza natural para él, rehuimos esta conversación“.
Hemos
de remontarnos a julio de 1892 para localizar la crónica del crimen en “El
Liberal” del día 16, y es la siguiente:
“En la noche del 7 al 8 del corriente, fueron
asesinados en Santa Perpetua de Moguda (Barcelona), los esposos Rafael Llunch y
Ciuca, de setenta años, y Josefa Bonás y Lloverás, de setenta y cuatro, estando
sus cadáveres destrozados de tal suerte a golpes de hacha, que era imposible
reconocerles.
“El móvil se cree que fuera el robo, porque
se encontraron revueltos y rotos los cajones de las cómodas.
“Los dos ancianos vivían solos, a pesar de
tener varios hijos é hijas.
“Ha sido preso un sujeto llamado «Quim el
Esquilador», aragonés, domiciliado desde algún tiempo en Ripollet, donde había
de contraer matrimonio el sábado, y sobre el que recaen vehementes sospechas”.
Ingresó
en la cárcel de Sabadell, y nada he visto de su juicio en el que fue condenado
a muerte, pero sí un Real Decreto de 26 de octubre del año siguiente, 1893, por
el que se dice que “(...) Vengo en conmutar por la inmediata de
cadena perpetua la pena de muerte impuesta a Joaquín Ibáñez Bellido, en la causa
de que se ha hecho mérito”.
La
fuga se produjo en 1904, como leemos en 1911 cuando Joaquín Ibáñez es noticia
por primera vez, y solicita un indulto que no le concederían.
(Sigue)
Este personaje parece sacado de una obra de las escritas por Miguel de Cervantes Saavedra sobre su cautiverio en Árgel.
ResponderEliminar