27 de agosto de 2014

El "Patato" de Cella, un consorte para Marie BrizaRd

La capacidad de beber desaforadamente parece que se consideraba –y se considera- un indicador de virilidad. No son infrecuentes las noticias de muertes por alcoholismo en la prensa antigua, destacando dos en las que el óbito fue precedido por una apuesta. La primera nos la cuenta el periódico madrileño “El Día”, el 16 de octubre de 1898, fue en una taberna de Sarrión donde estaban reunidos varios obreros:

“Un herrero llamado Manuel Miranda que había estado consumiendo gran cantidad de vino con varios amigos, apostó con éstos, que en el tiempo que invirtiese la campana de un reloj, que en el establecimiento había, en dar las doce, él bebería otras tantas copas de aguardiente.
“La apuesta se llevó a efecto.
“A la primera campanada de las doce, el Miranda bebió la primera copa y así continuó hasta la octava en que cayó al suelo como una masa inerte.
“Al ir a levantarle sus compañeros notaron que el desgraciado era cadáver”.

La segunda es todavía más singular, pues como vamos a ver el ganador fue a protestar el periódico que dio la noticia por considerar que había ninguneado sus “méritos etílicos”. ”Diario de Teruel” narra el 18 de octubre de 1904:

“Ha llegado a nuestros oídos la noticia, que rectificaremos si no es cierta, de una bárbara apuesta verificada entre dos vecinos de Cella, conocidos con los apodos de “el Dulero” y el “Patato”.
“Dícese que éstos apostaron a ver cuál de los dos bebía más copas, y puestos en la taberna dieron comienzo al amílico duelo; ambos pelearon como héroes, consumiendo el uno 61 copas de anís más un vaso regular de ron, y el otro 62 copas y un vaso de ron que le sirvió también de complemento.
“El resultado de la lucha alcohólica no se ha dejado esperar, pues nos aseguran que el uno de los contrincantes ha fallecido en medio de los más cruentos dolores, y el otro se encuentra gravísimo y no sabemos si a estas horas habrá pagado también cara su valentía.
“Parece increíble entre seres racionales tales y tan trascendentales apuestas, que necesariamente han de producir terribles efectos entre los que de manera tan brutal quieren probar hasta donde llegan los excesos del vicio.
“Es lamentable tanta ceguera entre esos desgraciados seres, víctimas de la falta de cultura y de sentido moral".

La cosa podía haber quedado así, pero el superviviente estaba lo suficientemente recuperado como para ir a protestar al periódico al día siguiente de la publicación. Habría que pensar que se sintió insultado por ser calificado como un “desgraciado ser” víctima “de la falta de cultura y de sentido moral”, pero no; el motivo fue otro:

“Ayer se acercó a nuestra redacción el vecino de Cella apodado “Patato”, con el solo objeto de confirmarnos la noticia que el otro día dimos referente a la terrible apuesta del anís que ocasionó la muerte a uno de los bebedores, y que no llegamos a creer por su naturaleza.
“Hoy nos la creemos, porque nos la dice el que logró salvarse de tan bárbara apuesta, el cual nos ruega al propio tiempo que rectifiquemos lo de las 62 copas, puesto que fueron ¡80 y cinco vasos de vino! Por lo tanto, al aumentar la dosis del alcohol aumenta considerablemente la barbarie.
“Queda pues complacido el valiente “Patato”, superviviente de la jornada que ocasionó, como era de suponer, la muerte del desgraciado “Dulero”.
“Conste que fueron 80 las copitas y no 62, porque ¡menuda honra se calza el amigo con las 18 del ala!”



1 comentario:

  1. Parece una historia inventada. No lo es, desde luego. Pero sí es una muestra de la singular idiosincrasia de una realidad olvidada, en las estepas del pasado reciente. El Botellón de la esquina actual - fin de semana - es un juego floral. Sin duda alguna.

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